Una de las ventajas de tener la Escuela a pie de calle es poder tomar el pulso a la realidad más de cerca. Y entre otras muchas cosas que se viven y se aprenden del público es una pregunta que me han hecho precisamente uno de estos días: ¿Para qué quiero yo saber de aceite? ¿Eso da mucho de sí?

La pregunta me ha hecho reflexionar y más aún porque partía de una señora del barrio donde se ubica la Escuela que tiene un nivel cultural y económico elevado y que por lo tanto dicha ignorancia no viene de una economía precaria.

Y se me ocurren cientos de motivos…

1.- Saber a qué le llamamos “aceite”

2.- ¿Sabemos interpretar a qué equivale exactamente la calidad que indica una etiqueta?

3.- ¿Sabemos qué calidad debería llevar cada una de las categorías comerciales?

4.- ¿Sabemos descubrir si en dichas botellas se está cometiendo fraude?

5.- Una vez que hemos descubierto todo lo anterior (que no es poco) ¿Por qué un Aceite de Oliva Virgen Extra huele a tomatera…o a manzana…por qué pican o amargan? ¿De qué me sirve eso?

6.- ¿Acaso no usamos “aceites” para cocinar? ¿Usas siempre el mismo? ¿Con el vino haces lo mismo?

7.- Me preocupa la salud y me dicen mil historias sobre lo que tengo que comer.

8.- Quiero perder peso y me dicen que elimine las grasas…etc.

Podría seguir haciéndome preguntas sobre por qué tenemos que saber de “aceites”…espero que seáis vosotros/as los que tengáis ganas de haceros preguntas y que el “aceite” deje de ser el convidado de piedra de nuestras cocinas y mesas.

Fotografía proporcionada por Interprofesional del Aceite de Oliva

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